Una idea no puede
saltar de una página en blanco. El pintor no mira durante 23 minutos la
profundidad del lienzo en la confianza de que brotarán los colores. El cocinero
no acaricia la olla vacía hasta que surjan los olores, ni el zapatero le
pregunta a la pieza de cuero cómo tiene la zapatilla por dentro. Tampoco el
jardinero desperdicia la mañana contemplando la mañana.
El creador toma de lo
creado en una cadena precisa de préstamos entre dioses. La mente del creador
inventa mientras canta, mientras come, mientras busca un calcetín. Su cuerpo se
excita, sus deseos exigen, su espíritu explota y crea.
El objeto creado es
solamente el espacio muerto donde el creador sació sus impulsos.
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